"Los libros constituyen un mundo que no nos traicionará nunca. Son seres vivos, pueden decepcionarnos, pueden distraernos Los libros son lo mejor que tenemos en la vida, representan nuestra inmortalidad."
- Vartam Chalamov -

Si todavía respiran ustedes el aire limpio y perfumado de La isla de la calma, el celebre libro de Santiago Rusiñol, es probable que la lectura de Gólgota les trastoque los planes para unas tranquilas vacaciones en Mallorca. Pero ¿que hicisteis con la isla el último verano? preguntarán ustedes asombrados después de leer la novela, si no están al tanto de la cosa inmobiliaria o hace tiempo que no visitan la isla.
Gólgota, la última novela del joven novelista palmesano Román Piña, es una estupenda y corrosiva sátira, ambientada en Palma, en torno a la corruptela política e inmobiliaria que tan entrañable y familiar nos resulta a todos los hipotecados. Por el libro desfilan una serie de extravagantes personajes, Nofre Pou, Bumerán, Dalmau, que destilan un humor saludablemente incorrecto, inteligente y de una acidez a prueba de Almax. Un buen día un tipo decide subirse a lo alto de una grúa para protestar por las fechorías urbanísticas que se cometen en la ciudad y concienciar a todos los ciudadanos de la necesidad de rebelarse contra semejante impostura. A partir de tan quijotesco acontecimiento se irán encontrando una serie de estrambóticos personajes, una especie de banda de Rufufú a la palmesana, que organizarán una conspiración contra los poderes del ladrillo. La novela está plagada de situaciones cómicas y surrealistas, y de diálogos desternillantes. Junto a la maravillosa fauna del friquismo local, aparecen otros personajes a través de los cuales el autor despliega una mirada más tierna e intimista sobre su ciudad.
Gólgota es, entre muchas otras cosas, un fresco desesperanzado de la ciudad de Palma, un contundente directo a la boca del estomago de muchos estómagos agradecidos, y también, un canto de homenaje teñido de elegía. En Gólgota llueve todo el tiempo sobre la ciudad, y créanme si les digo que nunca había visto llover tan bien desde Blade Runner.
Disfrutarán y se reirán a carcajadas con las peripecias de Nofre Pou y Bumerán. Ya saben que lo contrario de lo divertido no es lo serio, sino lo aburrido. La novela de Román Piña es inteligente y muy divertida, es tocapelotas e irreverente, es sarcástica y gamberra. Es, no lo duden, una estupenda novela. ¿Conocen un remedio más eficaz para desintoxicarse del ruido pestilente del maravilloso mundo del cemento?
Martín de Moraes